jueves, 26 de mayo de 2011

Hacienda de Ajuchitlán


Ex Hacienda de “AJUCHITLÁN”.




La palabra Ajuchitlán se deriva de la lengua náhuatl que quiere decir “lugar de flores”.

Fue una zona habitada por Chichimecas y con tan solo unas cuantas chozas ya poseía este nombre dado probablemente por sus moradores

Fue propiedad del Capitán Pedro de Solchaga, casado con Jerónima de Arteaga, siendo un latifundio formado por otras Haciendas como el Rosario, el Gallo, Santa Rosa, San Martín, Panales, Gudinos, Salitrera y el Potrero. Y otros pequeños ranchos como San Martín, los Benitos, el Carrizal.

El Capitán hereda a su hijo legítimo Felix Xevier de Solchaga quien contrae matrimonio con Ana Jarela de las Casas el 15 de marzo de 1732.

No hay datos precisos de a quién vendió el Capitán Solchaga, solo se sabe que en el año de 1650 llegó a este lugar Romero de Terreros “Conde de Regla” de origen español, quien adquirió la propiedad que no era agrícola ni ganadera, si no una hacienda de beneficio de explotación minera, se explotaban las minas productoras de oro y plata, llamadas minas de Ajuchitlán y que ahora son conocidas como las minas de San Martín, el mineral extraído en bruto se procesaba en la hacienda, el oro y plata, se enviaban a la Ciudad de Monterrey.

El conde de Regla vende la Hacienda a Pedro Echeverría que continúa con la explotación de las minas, durante este tiempo, entran en pugna liberales y conservadores, abundando los asaltos y el bandidaje, que como consecuencia trajo la baja en la producción. Ante tal situación, Pedro Echeverría vende la Hacienda a Pedro Gorozpe, el cual deja la actividad minera para dedicarse a la agricultura y ganadería. En esta época se construyen varios pozos que eran utilizados para regar las tierras de cultivo.

La Hacienda comenzó a prosperar y a llegar más trabajadores logrando que fuera reconocida por su volumen de producción de Trigo.

De 1907 a 1917 Pedro Gorozpe radica en la Ciudad de México, al desempeñar el cargo de Ministro del Gobierno quedando como administrador de la hacienda Cesáreo Barrera.



Toda la producción de la Hacienda (frutas y ganado) le eran enviadas al señor Gorozpe a la ciudad de México y a su muerte, en el año 1918, se repartió de la manera siguiente: Ajuchitlán, Salitrera y el Potrero para su hija Luz; el Rosario para la Sra. Guadalupe, casada con el Sr. Luis de la Sota; la Sra. Dolores solo heredo una pequeña fracción llamada el Tecolote, pues el Sr. Gorozpe nunca acepto como yerno al Sr. Amado Guadarrama, pero su cuñada la Señorita Luz le dio todo el poder sobre su herencia, es decir, Ajuchitlán, Salitrera y el Potrero, el Gallo y Santa Rosa lo heredo don Pedro, San Martín y Gudinos Don Ignacio. En 1937 se filma la película “Adiós Nicanor”.

Los trabajadores de la Hacienda recibían un salario de doce centavos y un cuartillo de maíz diario, a los trabajadores menores de 18 años se les pagaba 6 centavos y el sueldo lo cobraba el papá.

En 1932, llega la orden del gobierno para medir y repartir las tierras de los alrededores, sin embargo Don Amado Salitrera logra que le sean devueltas todas las tierras que actualmente ocupa la Secretaria de Agricultura Ganadería y Desarrollo rural. En 1949 el coronel Valseca le compra la Hacienda en 1 millón de pesos plata, para dar cumplimiento a la orden de gobierno, es entregada la dotación por resolución presidencial al Ejido Ajuchitlán.

El 15 de enero de 1936, con un total de 2,450 hectáreas repartidas en 228 ejidatarios que actualmente forman el ejido de Ajuchitlán, que cuenta con tres grandes áreas siendo estas: agostadero o cerril en el que se encuentra un banco de cantera, un banco de cascajo y una mina de arenilla, además de ser propicio para pastar a animales, siendo sus principales cultivos de temporal: maíz y fríjol; de riego: alfalfa, sorgo, trigo y cebada.

La Delegación de Ajuchitlán fue instituida en el periodo administrativo 1979, siendo presidente Municipal el Ing. Javier Salinas Guevara, el primer Delegado electo democráticamente fue el Sr. Sergio Vega.

Don Arnulfo Cabrera Vázquez, recuerda en sus memorias el aspecto de esta Hacienda, siendo el último de los administradores de la misma. El narra, a sus ochenta y ocho años, lo siguiente: Nací el 7 de Diciembre de 1921, a la edad de cuatro años, el 1 de mayo de 1926 llega a la Hacienda de Ajuchitlán, mi papá, D. Arnulfo Cabrera Molina, quien recibe, en 1926, la administración general de la Hacienda con sus demás componentes como Salitrera y el Potrero.

A la edad de 12 años regrese a vivir a Colón, estudie en la capital, años más tarde en 1941, el Sr. Guadarrama le propuso a mi padre regresar a administrar la Hacienda, que en ese tiempo era una pequeña propiedad, para esas fechas tenia 20 años y poseía un camión de estacas, con el que fletaba lo que producía Ajuchitlán.

Regrese nuevamente a Colón el 1 de Julio de 1944. En 1966, siendo Ajuchitlán propiedad de de Secretaria de Agricultura y ganadería regrese como encargado de la finca, esta se componía de la construcción que el Coronel José Garcia Valseca, había remodelado aprovechado lo que eran las caballerizas pues el árbol que actualmente esta en el jardín pertenecía a los corrales, donde esta el comedor con cristal con vista a la huerta, el antecomedor y la cocina era una troje de dos naves y todo el norte donde se encuentran unas recamaritas, eran las caballerizas. Lo que en la actualidad son las recamaras principales, la componían la capilla, la sacristía y pequeñas bodegas.

Donde está la puerta principal, que existen unos poyos era todo techado y para la parte norte la entrada a la capilla y en parte sur había un campanario con 3 campanas de regular tamaño, el piso es el mismo.

La reja que cubre la entrada la trajo el coronel del Distrito Federal, pues la anterior, de la que guardo una fotografía del año 1931, era distinta.

Entre los personajes que conocí siendo administrador se encuentra Luis Echeverria quién se hospedo en Ajuchitlán en el año de 1971, para festejar su cumpleaños, además de la visita de campaña de López Portillo.

miércoles, 25 de mayo de 2011


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DESCRIPCIÓN DE LA PROVINCIA DE S. PEDRO Y S. PABLO DE MICHOACÁN
EXTRACTOS

Los Chichimecas

Es una de las primeras crónicas religiosas que habla de nuestra región; cuando las Provincias de Michoacán y Jalisco eran una sola. Esta crónica apareció en el siglo XVI, 1525 – 1585; la obra fue escrita por el mexicano P. Fr. Diego Muñoz, que la escribió por 1583.

Descripción de la Provincia de los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, habitación costumbres, y manera de vivir de los indios infieles chichimecas, en cuya conversión han entendido y entienden religiosos de nuestra orden.
“Esta provincia de los Apóstoles es en las Indias del mar Océano en el distrito y términos de Nueva España y Nueva Galicia, diferentes gobernaciones y obispados; en el año de 1535 se fundó en custodia sujeta a la Provincia del Santo Evangelio, y el de 1565, en el Capitulo General de Valladolid, se dividió dellá en Provincia”.

Que es Chichimeca
Es nombre común entre los Indios, del que no es baptizados, y éste tiene todos los infieles que poseen la más larga y ancha parte de la tierra que hay en las Indias, abundante, en diferentes partes, de venas de plata finísima, y mucha y muy buena yerba para ganado. Es gente infiel, de bestial fiereza, andan discurriendo de una parte a otra, no sabiendo que son riquezas y deleites, como aquellos que viven desnudos,
sin cubrirse aún las partes deshonestas.

Duermen en la tierra desnuda, empantanada con perpetua sanidad; sufren mortales fríos, nieves, hambres y calores, y por ningún suceso adverso que les acaeza, se entristecen, comen carnes de venados, vacas, caballos, mulas, víboras y de otros animales ponzoñosos, y ésa cuando más bien aderezada, por lavar y medio cruda, despedazándola con las uñas, dientes y manos a manera de lebreles.

Diferencian de los Indios de paz en lengua, costumbres y disposición de cuerpo, fuerzas y ferocidad, por la mala influencia de alguna estrella; son dispuestos, nervosos, fornidos, desarbados; pueden ser tenidos por monstruos de naturaleza, porque en sus costumbres son tan diferentes de hombres, cuando su ingenio es semejante al de los brutos; son los más dellos borrachos, ladrones, homicidad, y crueles; no tienen reyes ni señores; andan juntos en manadas movedizas, partidas en cuadrillas y capitanes, grandes salteadores; no tienen ninguna ley ni religión; adoran y reverencian al demonio, los que no están convertidos y baptizados, con quien comunican, especial cosas de guerra, y cuando la respuesta les infunde animo y brio, se determinan y aventuran, y sin cobardía, dejan de dar la batalla, aunque más les insista la ocasión, cólera y apetito. Adoran ídolos de piedra y barro, de feas y horrendas figuras, a quien ofrecen abominables sacrificios, sangrándose las orejas y otras partes del cuerpo.

Sus armas
No usan arma alguna ofensiva, ni defensiva de hierro, que no lo alcancen, pelean desnudos, embijados con matices de diferentes colores, con solo arcos medidos a su estatura, labrados con pedernales, de que también son las puntas de las flechas.

Las de los españoles
Las armas que los españoles usan contra ellos, demás de las de dos cueros de toro crudios y doblados con que van encubertados, poderosos y feroces caballos hasta las corvas, son dos cotas de malla, gruesa y menuda, zaraguel o escarcela de lo mismo, cuero danta, celada acerada con dos sobrevistas de malla, espada, puñal, arcabuz, y algunos, pistolete y adarga. Llevan siempre lo peor, y tanta armadura no resiste la franca entrada que dan a la muerte las irreparables y mortales flechas de los Indios, que miradas en sí parecen frágiles y de menospreciar, porque son de caña, y puestas en sus manos no hallan reparo.

De que hacen vino
Hacen de fruta, desechas en agua, vino de mal sabor, color y olor, con que comúnmente se emborrachan, que, mixturándole ciertas raíces, cobra grandísimo vigor y fortaleza, y estando borrachos, dan infernales aullidos y voces.
Habitación
Su común habitación en invierno es en las sierras de horribles muelles de peñas que pan recen encadenadas, porque se van continuando unas tras otras, fragosos, enhiestos y desesperados valles, bosques muy espesosos de árboles espinosos y nocivos, cumbres altas y despeñadas, desapacibles collados, barrancas estrechas y de increíble profundidad y aspereza. Los caminos, si alguno hay, cortados y estrechos, temerosos de ver e imposibles de andar, por ser muy embarazadas con grandes peñas y saltos, inútiles de todo punto para gente de pié y de caballo, que solo se ve, lo que parece increíble, que andan por ellos los Chichimecas con la ligereza que gamos o cabras montesas.
MEMORIAS DEL MOVIMIENTO CRISTERO DE COLÓN
POR DON J. DOLORES VEGA FRÍAS
PERSECUCIÓN RELIGIOSA:

Ordenes que dio el Gral. Calles…
En el año de 1924, cuando el General Plutarco Elías Calles fue Presidente de México, dio la orden de acabar con los cultos religiosos, entonces se formó un Comité en México con el nombre: “Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa”, ha nombre del Santo Papa y del Sr. Arzobispo de México.
Para arreglar el asunto a nombre de ellos, como no hubo ninguno, diciendo que no había ordenes sobre los del Santo papa, dijo que el plazo que había era hasta el día 31 de Julio de 1926. Entonces la liga, a nombre del Sr. Arzobispo de México, dio la orden de respetar las leyes y como despedida ese día, hubo una misa en Soriano, como a las cinco de la tarde y que cierran las puertas de la Iglesia.

Pancho Pájaro…
Como en todos los negocios no falta gente ofrecida y tentona, había en Colón un hombre llamado Francisco Pájaro, que estuvo presente, la gente comenzó a verlo con mala cara. Esta un Señor que había puesto como defensa en la Hacienda de el Lobo; armado un día domingo, como a las nueve de la mañana llegó con su gente en busca de Pancho Pájaro para matarlo y como no lo hallaron, le quemaron su tienda que tenía y llevando lo que pudieron. Este señor se llamaba Luis Herrera – valiente, respetuoso y respetado –
Sotero Nieves…
A los pocos días, llegó el Gobierno en busca del Sr. Cura de Colón, solamente encontraron al sacristán; varías preguntas le hicieron pero él no dio razón de nada, lo amenazaron de muerte, él les dijo: “Lo único que les pido es quedar junto a mi Madre de Soriano”; en el portón del Templo que esta frente a la Plaza allí fue fusilado el sacristán de Colón Sotero Rubio (Nieves) y que todavía esta esa placa como recuerdo de ese día.

Día del Levantamiento…
Después, con permiso de la Liga, Agripina Montes, Norberto García y Don Manuel Frías, comienzan a planear un levantamiento y fijan la fecha para el 4 de Febrero de 1928. El día 4 de Febrero, como a las 9 de la noche, salieron del rancho el Derramadero: Don Manuel Frías, Norberto García y Agripina Montes, acompañados de varia gente; a su paso mucha gente salió a verlos y pensaban que iban a abrir las puertas de la iglesia. La gente gritando “Viva Cristo Rey” “Muera el mal Gobierno”… las campanas repicando en Colón y Soriano, balazos y gritos como a las 11 de la noche de Colón pasando por Soriano.
Se une más gente…
Entonces ya era arta gente, la que se había pegado y nos fuimos para el cerro al día siguiente, todos cansados, desvelados y sin esperanzas… llegaban noticias de que el Gobierno había saqueado las casas de los que se habían ido y buscándolos para matarlos y cometiendo infinidad de abusos. La Iglesia de Colón convertida en Cuartel, el Curato en caballeriza, los soldados cometiendo abusos con todo lo que encontraban; en Colón ya no había comercio, la gente ya no bajaba al Pueblo, todo trastornado.

Toda la gente que se había ido sin comer, entonces un Señor de Soriano, comenzó a juntar tortillas; Juan López, otro, Juan Calzonzintl y otro de Santa María del Mexicano, Juan Martínez, en San Miguelito Tolimán, de nombre Merejildo; todos estos juntaban tortillas para llevarlas a la gente, pero no era suficiente, había días que nos daban dos tortillas y a veces nada; después los ganaderos que tenían ganado les mandaban decir al jefe que en lugar de que el Gobierno se llevará los animales, que también comiéramos y comenzaron a matar animales dos o tres veces por semana, pero era tanta la gente, que nos daban como un kilo cada dos o tres días y nada de tortillas.
A pocos días, fueron llegando más grupos de gente, don Luis Herrera, con gente del Plan del Lobo, el Coronel Florencio Monasterio, que era de ese rancho de Santa Catarina, Guanajuato; de Cadereyta Macedonio Torres y Cástulo Vega… el cuento es que ya éramos como seiscientos; entonces el Jefe mandó apostar la gente: Don Luis Herrera en todo el Plan de el Lobo y Chichimequillas, Monasterio para el lado de Santa Catarina, la gente de Cadereyta en lugares que ellos conocían, pero siempre a las órdenes del General Frías.

Combate de Calabazas…
Todos estábamos deseosos de pelear; estando un día cerca del Rancho de las Calabazas, cuando llegó el Gobierno al Puerto de San Antonio, eran como las once de la noche cuando llegaron donde estábamos y comenzó la tronería, se veían las luces de los truenos, como cuando hay castillo y gritos que vibran.
El 29 eran como la una de la mañana, comienzan a tirarnos por detrás y gritando ¡Viva el Gobierno¡ entonces corrimos por todos lados, ellos siguieron tirando, la cosa fue que de ellos murieron noventa soldados y de parte de los Cristeros, nada más cinco. Mucha gente se disperso y nos volvimos a juntar todos como a los quince días.
A pocos días, entramos a Tolimán, allí no hubo resistencia, salimos con rumbo a San Miguelito; allí cogieron preso al subdelegado, le hicieron varias preguntas: qué si se daba cuenta de la gente que ayudaba, él dijo que si, este pensaba que era gente del gobierno; entonces uno de los oficiales le dijo: ¿Sabes que estás hablando con los Cristeros? Entonces decía: “déjenme, yo les prometo irme de mi tierra y no volver”. Al día siguiente, pasamos por el Rancho El Carrizal, allí lo colgaron y al morir lo echaron en una mina vieja cercana al lugar.

Muere Helidodoro Pérez…
Días después entramos a Colón, por segunda vez, agarrando a José Morales Briones, a Guadalupe Gutiérrez y a un profesor que había llegado de fuera, fusilándolos en la Plazuela del Cuarto y dos federales; esto fue como a las seis de la mañana, esta ejecución fue en la Plaza del Cuarto, junto en donde están o estaban unas animitas. Por parte de los Cristeros, sólo un muchacho que se llamaba Heliodoro Pérez, de Colón.
Salimos del pueblo como a las nueve de la mañana, subimos al Cerro de las Cruces y los Federales, que estaban en la torre, seguían tirándonos. De allí nos fuimos para la Mesa de San Miguelito, cerca de la cuesta; por la tarde, bajamos por la Hacienda de Panales y nos quedamos en el Cerro del Meco. Al día siguiente nos fuimos para el Pinal de Ojo de Agua, cuando llegamos, el Gobierno estaba allí, sin darnos cuenta ya estaba la emboscada puesta.

La Mesa del Milagro…
Eran como las once de la mañana y la infantería iba por delante, cuando comenzaron a tirar, como a cincuenta metros, entonces corrieron para un arroyo que estaba cerca y toda la caballería corrimos para atrás hasta donde estaba una cerca, allí comenzaron los oficiales a detener la gente y acomodándola es sus posiciones, los federales siguiéndonos, cuando llegaron junto a la cerca, como cincuenta metros de lejos, ya la gente de los Cristeros estaba parapetada y comenzó duro el combate.
El saldo de muertos, por parte del Gobierno, fueron sesenta y de los Cristeros ni uno sólo cinco caballos. Ese cerro, el Jefe le puso Mesa del Milagro, porque a pesar de la emboscada no hubo muertos de los Cristeros.
Eran como las cinco de la tarde, cuando llegó un correo diciéndole al jefe que había pasado el refuerzo del Gobierno, que no tardaban en llegar. Entonces, el Jefe, mando cinco muchachos, de los más conocedores del cerro, que se fueran por detrás de los Federales, tirando balazos, gritando y silbando cuernos y diciendo: “Somos la gente de Herrera, dónde está la gente de Frías”. Los oficiales respondían: “Estamos en la cerca, bajen en tiradores” y gritaban los Federales: “ni sabrán qué es eso” y les contestábamos: “eso vamos a ver”. Cuando llegamos más cerca les tiramos, muchos Federales corrieron.
Eran como las ocho de la noche, cuando el Jefe mando prender dos lumbres retiradas, para que el Gobierno pensara que allíe estábamos y nosotros fuimos saliendo poco a poco, sin hacer ruido, ellos se quedaron; al día siguiente, llegó el refuerzo, pero nosotros ya no estábamos allí.
Como al mes, el Jefe nos mando a una comisión de ir por unos caballos a Santa Rosa, para allá de Ajuchitlán, éramos dieciocho, entramos a la Hacienda, sacamos los caballos y nos fuimos rumbo al Pinal, pasamos cerca del destacamento que estaba en Ajuchitlán y sienten el tropel y nos siguen, nosotros subimos por la zanja grande a pasar por el Cerro de las Cabras, pasamos por el Llano de las carreras y subimos al Cerro Picudo de Colón, en donde está una crucita.

Combate de Ocotillos…
Los soldados nos siguieron rumbo a Tolimán, llegamos al Pinal, pero ya la gente no estaba allí. En eso pasa un hombre, que era de confianza, se llama Pedro; José Arteaga le dijo: “porque no se está un ratito mientras dormimos un rato, ya tenemos dos días sin dormir y comer”; el Señor dijo que sí. Al poco rato, nos dice: “acaba de pasar una gente por la Maguellalosa, quien sabe que gente será”. Entonces José Arteaga me dijo: “Lole vamos tu y yo a ver qué gente es”. Llegamos por donde había pasado la gente y vamos viendo puras huellas de caballos herrados y me dice: ¡es el Gobierno!; diciendo así cuando comenzó el combate en la Hacienda e Ocotillos, luego volvimos por los compañeros y dimos vuelta a donde estaba el Jefe, cuando llegamos eran como las dos de la tarde, ya estaba muerto Jesús Hernández Nieves y Goyo Chavero; allí estuvimos hasta que se hizo oscuro para poder salir.
Y de ellos (Gobierno) murieron cuarenta Federales, de allí llegamos al Cerro de las Palmas, en donde fueron sepultados. Varios días después, subió el Gobierno y comenzaron a echar una corrida de animales, esto fue en la Estancia del Ojo de Agua, el Jefe no se había dado cuenta, pero luego que le avisaron, dio órdenes para combatirlos; iban ya para bajar el Cerro, cuando les caímos y al sentir los balazos, corrieron dejando la corrida que llevaban. Desde como las dos de la tarde, estuvimos agarrados hasta como las seis de la tarde. Se fueron para Tolimán llevándose los muertos, que habían tenido, que eran como veinte y de los Cristeros nada.


Charcas…
Varios días después, nos fuimos para un pueblito de nombre Carbajal, cercano al pueblo de Charcas, Gto. Allí estuvimos toda la semana, era la semana de Dolores. Entonces el Presidente de Charcas, le mando decir al Jefe que tenía ganas de tratar un asunto con él, el Jefe no desconfió de él porque, según decía, mandaba ayuda para los Cristeros; entonces ordenó la Comisión para ir a verlo, mandando a Jesús Morales, Dolores Vega, Rodrigo Gutiérrez de Carbajal y otro Sr. Justino, amigo del Jefe, que era de Carbajal, Ignacio Zarazúa. Este Señor era conocedor del terreno y conocía al Presidente de Charcas que se llamaba…? Y María Valencia. Esto fue el Jueves de Dolores, por la noche, mandándole decir al Jefe que tenía los hombres armados y querían rendirse con él; llegaron con la razón en la madrugada del viernes.
El sábado, como a media noche, dan la orden de ensillar los caballos y salir para Charcas, ya los Oficiales tenían la orden por donde habían de entrar; llegamos como a las cinco de la mañana; el domingo de Ramos y comienzan a tirarnos de la torre, la presidencia y varias casas y comenzaron a caer gente y caballos muertos y nosotros nada más en las puertas de las casas atajándonos las balas.
Como a las diez de la mañana, llegó el Gobierno de San José Iturbide, Tierra Blanca y Sta. Catarina, la gente que estaba por las orillas, comenzó a correr y toda la gente del Jefe adentro, entonces salimos corriendo, dejando los muertos, que decían eran como treinta y otros tantos heridos y una porción de caballos muertos; de aquí salimos para un cerrito que esta cerquita del pueblo, todavía de allí nos tiraban los Federales, pero ya no nos hicieron nada. Decían que el Coronel Florencio Monasterio, se había disgustado con el Jefe, por no dejar a tacar al Gobierno, no quizo poner la gente en peligro, desde entonces no volvió el Coronel Monasterio.

La huída del Padre…
De allí nos fuimos para un cerro cercano a Chichimequillas, allí estaba el Padre escondido con permiso del Patrón, entre la hacienda, nada más que andaba disfrazado como vaquero del campo, con pantalón de cuero y su chamarra, chaparreras, riata y su caballo a la mano por si algo se ofreciera. El Patrón se llamaba Francisco Borbolla. Toca la suerte o de malas que, un día, estaba comiendo cuando llega un oficial en busca del Padre, el oficial le dice al Patrón: “sabemos que aquí tiene un Padre escondido, quiero que me lo entregue”, el Patrón respondió: “aquí no hay más Padre, que es Pancho Borbolla”; el Patrón le ofreció de comer y el Padre allí con ellos, ya cuando acabaron de comer, el Patrón le dice al Padre: “vete y busca unos peones que cerquen bien el potrero para que los animales no brinquen”. El Padre ensillo su caballo y se despidió de mano con el oficial y se fue.
De allí nos fuimos para el Zamorano, entonces el Jefe da la orden de mandar grupos de gente, como de quince o veinte hombres; la gente de Cadereyta, para los lugares que ellos conocían; Don Luis Herrera con su gente y la gente de Monasterio igual; que habíamos de entrar el mismo día en la noche y a la misma hora, así se hizo todo.
Luego nos fuimos para el Cerro del Garbanzo, no tardo mucho tiempo, cuando nos calló el Gobierno de San Luis Potosi, Guanajuato y Querétaro, estaba ese día lleno de neblina, cuando llego el Gobierno, las vigilancias no se dieron cuenta cuando comienzan a tirar y prender fuego al cerro, allí no hubo resistencia, pero si falto mucha gente que jamás volvió, no tardo mucho tiempo en que tuvieron un arreglo de paz la Liga con el Presidente Abelardo Rodríguez, eso fue el día 21 de Junio que teníamos que rendirnos, entregando las armas y quedar en paz, entendido que si no se respetaba esa orden ya no habría ningún apoyo por parte de la Liga. La rendición fue en Colón y se dio por terminada la guerra que duro dieciocho meses.

Ese día fu de fiesta para el pueblo y para toda la gente que volvió a ver a sus familiares que andaban en el cerro y para la gente que perdió a sus familiares fue tristeza al no volverlos a ver, solo con el consuelo de tenerlas en el cielo, porque así lo había dicho el Santo Papa pio XI, de aquel entonces.

Como a los ocho años fueron traídos los restos de Jesús Hernández Nieves y Gregorio Chavero, sepultados en la sacristía de Colón.
Despedida del Pinal
Voy a cantarle a mi tierra
Y a todita la región
Para que la gente sepa
Lo que paso aquí en Colón

Mucho tiempo padecimos
En la Sierra abandonados
Hasta que al fin pudimos
Ver nuestro triunfo reunidos

Adiós sierra querida
Tus pinos me dan su sombra
Como diciendo vayan con Dios
Se acabo la Revolución

Adiós Pinal de Ojo de Agua
Brillante como un espejo
Ya sus vamos a ir de aquí
Adiós aquí te dejo

Colón en su vida tiene
Páginas de gloria
Y en su grandísima historia
Es delicioso edén

Que viva señor San Francisco
Con su sagrado cordón
Que vivan los cristeros
De la villa de colón

Que viva Santo Domingo
Con su rosario en la mano
Que vivan los cristeros
De la Misión de Soriano

Ya con esta me despido
De todita la región
Adiós Sierra de Zamorano
te llevo en mi corazón

Los cristeros de Colón
Fueron hombres muy decididos
Por eso los recordamos
Hoy, cantándoles sus corridos

Autor: Dolores Vega Frías
Censo de 1910

En la Villa de Colón, a las tres de la tarde del día treinta y uno de Agosto de mil novecientos nueve, reunidos en el salón de la Subprefectura, los miembros de la Junta Local del Censo de 1910, con fin de proceder a lo que se ordena en el Circular número dos 25 de Agosto del mes que hoy fina, en la que se ordena la división en cuarteles del territorio de esta municipalidad y se procedió de la manera siguiente:


Sección 1ª 1er cuartel: Calle de la Estación al lado Noreste.
Sección 2ª Segundo cuartel: tomando el margen del río principal a pasar por el Salitre, siguiendo por el camino Real que conduce para Ajuchitlán y terminando en la Puerta del Lindero.
Tercer cuartel: tomando del Puente para la salida de Querétaro, todo lo poblado rumbo al Noreste.


Cuarto cuartel: tomando del Puente Calle Real a la esquina de la Plazuela “La Unión”, hasta la bajada del callejón que conduce a la Poza.
Quinto cuartel: tomando de la Plazuela de la Unión, la calle Real a la Salida a Querétaro y de la misma calle Real para zamorano a subir a la Cañadita.
Sexto cuartel: viniendo de la Puerta del Lindero camino Real, pasando por la Poza y subiendo a la Cañadita hasta terminar los límites con Zamorano


Séptimo cuartel: Hacienda de Ajuchitlán
Octavo cuartel: Mina de Ajuchitlán
Noveno cuartel: Rancho de Urecho
Décimo cuartel: Hacienda de Esperanza
Décimo primer cuartel: Hacienda del Blanco
Decimo segundo cuartel: Galeras
Decimo tercer cuartel: Viborillas
Decimo cuarto cuartel: San Idelfonso
Decimo quinto cuartel: San Vicente
Decimo sexto cuartel: Zamorano 1ª fracción del Lobo
Decimo séptimo y octavo cuartel: Hacienda María Gorozpe
Decimo noveno cuartel: fracción de Panales
Vigésimo cuartel: La Loma

1845, Don Amado de la Mota Juez de paz

lunes, 16 de mayo de 2011

EL SINARQUISMO EN BUSCA DEL PODER REGIONAL EN 1946

Mi ponencia tiene como lugar geográfico el Municipio de Colón, ubicado al noreste de la cápital del Estado de Querétaro.
Sobre las elecciones municipales de 1946, en las que participó por primera vez un partido opositor al Partido Revolucionario Institucional (PRI), nada se había escrito y su historia sólo fue posible encontrarla en la memoria de los viejos militantes que abrazaron por años la causa y el proyecto del movimiento sinarquista.
Éste, no nació por generación espontánea, sino que representó la continuidad del movimiento Cristero, el cuál tuvo una profunda influencia entre sus habitantes, pues muchos de ellos, se levantaron en armas en defensa de la religión católica. Cabe señalar que, en la cabecera municipal, en el lugar conocido como el “Derramadero” sirvió de cuartel general de la tropa cristera y de ese lugar se levantó en armas el 4 de febrero de 1928, al grito de ¡Viva Cristo Rey!, en contra de Gobierno del Presidente Calles.

En uno de sus templos, que fueron cerrados al culto, como el de San Francisco de Asís, los soldados lo conviertieron en cuartel junto con el curato de dicho templo.
Los Sinarquistas Colonenses no contaban con la historia de su pasado. Este vacio era de lamentarse pues evitaba que sus habitantes tuvieran los elementos para explicar parte de su tradición política.

Mi ponencia pretende contribuir a explicar esta parte de la historia de Colón; trato de rescatar lo que para mi fortuna permanece vivo en la memoria de los Colonenses y de sus hijos, que a través de la historia oral, la conocen.
Pero a mi también me interesa desentrañar, hasta donde me sea posible, qué grupo social se apoyó en el Partido Fuerza Popular (PFP), brazo político del sinarquismo, para acceder al poder municipal y así defender sus intereses económicos y políticos locales. Además, me interesa conocer por qué el candidato de Fuerza Popular no pudo ganar las elecciones.

El movimiento sinarquista de carácter local se ubica en el ámbito regional, con los demás movimientos políticos que se dieron en la región de el Bajío, en busca del poder en los diversos espacios políticos de ese año.
Considero que las causas que originaron el conflicto tenían una base material representada por el grupo de pequeños propietarios – agrícolas, comerciantes y artesanos – que se oponían al avance del reparto agrario, puesto que podían verse afectados en sus propiedades. Otra causa era de carácter subjetivo ideológico, es decir, no simpatizaban con el partido oficial, el PRI, ni con su anticlericalismo, ni con su liberalismo.

Estas dos variables explican porque el Partido Revolucionario Institucional, quien en este caso, estaba representado por los miembros de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y que desde mediados de la década de los treinta había encabezado el reparto agrario en la zona sur del Municipio, hicieron uso de aparato coorporativo y de la fuerza del ejército para imponerse e impedir la protesta de los miembros del brazo político del sinarquismo para que pudieran arribar al poder municipal.
Trate de reunir las pruebas para esclarecer el “fraude”, sin embargo, no fue posible, por lo que consideré uportuno desentrañar el conflicto político escondido atrás del conflicto electoral.

Fuerza Popular y su candidato a la Presidencia Municipal, el excristero J. Guadalupe Gutiérrez Olvera, perdieron las elecciones en Colón, sin embargo, los sinarquistas nunca reconocieron el triunfo de su adversario, pues consideraron que habían existido serias anomalías. El movimiento opositor trascendió lo local y se posicionó en el ámbito estatal, con una marcha que hicierón los sinarquistas hasta la capital del estado, para exponerle al Gobernador, las anomalías del proceso y exiguir la destitución del Presidente Municipal electo. Sin embargo, nada consiguieron.
Finalmente, considero que más allá de que sea falsa o verdadera esta versión, la realidad – y esta es mi conclusión – el grupo de pequeños propietarios, agricolas, comerciantes y artesanos, muy ligados a la Iglesia Católica, fue demolido por el corporativismo agrario; recien nacido en Colón, con el reparto agrario, en los primeros años del Cardenismo.

Autor: Prof. De la facultad de Ciencias Políticas UAQ
Alfonso Bárcenas Moreno

PETROGRABADOS EN LOS PILONES